La Guerra Olvidada

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Apuntes y testimonios sobre “La Guerra del Chaco”

Autor: Sergio Sosa y David Antonio Sorbille

Nº de páginas: 48

Año 2007

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Introducción

La Guerra del Chaco, que enfrentó a dos países hermanos como Bolivia y Paraguay en la primera mitad del Siglo XX, se ha tornado en un desafío para la memoria que encierra lecciones determinantes en la historia latinoamericana, no sólo para el futuro, sino para la revisión de los antecedentes que hicieron posible tamaña conflagración.

La Guerra de la Triple Alianza (1864-1870) en donde intervinieron el imperio del Brasil, Uruguay y la Argentina contra el Paraguay gobernado por Francisco Solano López, concluyó con la tremenda derrota paraguaya que diezmó su población y la condenó a la pobreza y a la anarquía.

La República de Bolivia, por su parte, estaba dominada por la oligarquía del estaño y había sido derrotada en la Guerra del Pacífico (1879) siendo aliada del Perú frente a Chile quien venció y le hizo perder a Bolivia su salida al mar. Lo mismo ocurrió en la llamada Guerra de Acre, en donde Brasil se adueñó por un tratado en 1903 de parte del territorio de frontera boliviano.
Esta difícil situación, le hizo decir al presidente boliviano Daniel Salamanca en 1930, que sólo era posible revertir la depresión boliviana a través de una guerra con el Paraguay por el territorio del Chaco que, hasta entonces, se lo consideraba de soberanía paraguaya.
Pero, los intereses petroleros extranjeros son los que impulsarán el anunciado conflicto que fue denunciado en 1934 por el senador norteamericano Huey Long, que en plena cámara hizo referencia a la Standard Oil y el acuerdo de magnates como Rockefeller y la banca yanqui, para proveer de armamento a Bolivia con el fin de atacar a Paraguay.

Digamos que en las preliminares, Bolivia aparecía como favorita en cantidad de hombres y pertrechos militares, pero el desarrollo de la guerra demostró que Paraguay supo valerse de los gruesos errores de la conducción militar boliviana a cargo del general alemán Hans Kundt.

Las fuerzas paraguayas al mando del coronel Estigarribia (luego general), se destacaron con estrategias de avanzada que le infligieron graves derrotas al ejército boliviano confundido y en retirada.

Durante tres años (1932-1935), esta guerra se convirtió en una matanza por un territorio en su 80% explotado por empresas argentinas con la mayoría de mano de obra paraguaya.

La intervención del canciller Carlos Saavedra Lamas fue decisiva para lograr el armisticio en junio de 1935 y el tratado de paz definitivo en 1938, en donde a Paraguay le tocó el Chaco Boreal al norte del río Pilcomayo y a Bolivia un sector pequeño llamado Puerto Busch dentro de la misma zona; y a la Argentina, el Chaco Central entre los ríos Pilcomayo y Bermejo, y el Chaco Austral, entre los ríos Bermejo y Salado.

Las consecuencias de esta guerra, se tradujo en lamentables pérdidas humanas y en creciente inestabilidad política para ambos países.

En Bolivia, se suceden los gobiernos militares nacionalistas del coronel Toro y el general Busch, previos a la irrupción del coronel Gualberto Villarroel y la guerra civil que lleva al poder al Movimiento Nacionalista Revolucionario en 1952, que a su vez concluye en 1964, con el golpe de Estado que entroniza en el poder a un nuevo dictador, el general René Barrientos Ortuño.

En Paraguay, también se suceden gobiernos como el del coronel Franco, el general Estigarribia y el general Higinio Morínigo, cuya dictadura desemboca en una guerra civil con miles de muertos y expatriados en 1947.

Luego, seguirá el gobierno del jefe del partido Colorado Federico Chávez con apoyo del gobierno peronista argentino y, en 1954, a través de un golpe de Estado pro brasilero, tomará el poder el general Alfredo Stroessner, cuya corrupta y cruel dictadura se inició formalmente el 15 de agosto de ese año y será derrocada
en febrero de 1989.

En el curso de los capítulos de La Guerra Olvidada, llegamos hasta nuestros días con un dejo de esperanza, especialmente, por la situación boliviana debido a la
aparición de Evo Morales y su movimiento indigenista.

Pero, en ambos casos, intentando destacar los momentos de progreso de estos pueblos y, también, mencionar los intereses extranacionales que manipulan el egoísmo y la falta de patriotismo de algunos denostados gobernantes.

Al fin y al cabo, los gobiernos pasan, pero son los pueblos los que no deben renunciar a la memoria para no cometer los mismos errores. A ese objetivo esclarecedor, apunta nuestro trabajo.

Sergio Sosa – David Antonio Sorbille