Balances a 10 años de "nacionalización" de los hidrocarburos del MAS


evorepsolLa "nacionalización" de los hidrocarburos aplicada a inicios del gobierno del MAS ha sido la bandera política y el sostén económico para diversas medidas sociales.  A 10 años de implementar esta política -en medio de una fuerte propagandización del gobierno, una caída de los precios de los hidrocarburos a nivel internacional y una nueva visita del presidente de REPSOL para proyectar nuevos negocios- es urgente entender los alcances reales de esta medida: ¿Nacionalización: Mito o Realidad?  

(Somos Sur, 10 de mayo de 2016) 


Notas para el análisis

Radio Somos Sur

En base al texto de Francesco Zaratti "Los ´falsos positivos´ de la nacionalización" analizamos, junto a Roberto Fernández, docente en la UMSS y analista en el tema, la actual política hidrocarburífera a 10 años de "nacionalización" de los hidrocarburos del gobierno del MAS. 

(Somos Sur, 8 de mayo de 2016; duración 23 minutos)


Francesco Zaratti:

Los “falsos positivos” de la nacionalización

En las ciencias se denomina "falso positivo” a un resultado que aparenta ser lo que en realidad no es. Por ejemplo, un test de embarazo que dé positivo cuando la mujer no está encinta. Esos resultados son producto del error estadístico, el cual, a su vez, muestra el tipo de "verdad” que proporciona la ciencia.

El concepto de "falsos positivos” ha sido adoptado por las ciencias sociales y aplicado en Colombia a inocentes ejecutados por el ejército, para fines de propaganda, mostrándolos como si fueran criminales o insurgentes caídos en combate.

En Bolivia, la nacionalización de los hidrocarburos -sin desconocerle los méritos que tuvo en llevar a cabo sin traumas la renegociación de los contratos y la recompra de acciones- presenta varios falsos positivos inventados por la propaganda oficial.

El más recurrente ejemplo es el origen de los ingresos: más de 31.000 millones de dólares en diez años atribuidos por el Gobierno a la nacionalización cuando, en realidad, son fruto del cambio de régimen tributario operado por la Ley 3058 del año 2005 (con base en el referendo del año 2004) y de las favorables condiciones del mercado (subida del precio del petróleo) y de los contratos (mayores volúmenes exportados).

Un segundo falso positivo de la nacionalización es la refundación de YPFB. Determinada por el mencionado referendo diseñada alegremente por la Ley 3058, esa medida ha traído más problemas que soluciones. Hoy YPFB aparenta ser una empresa del pueblo, pero resulta ser una empresa ajena a la gente y carente de transparencia.

En efecto, después de 10 años la empresa más importante del país está encabezada por un funcionario interino, a quien, en teoría, se le exige hablar un idioma nativo pero no inglés; desde hace 11 meses no actualiza sus boletines estadísticos, lo que impide al pueblo conocer el estado de salud de YPFB; desde hace tres años no reporta el monto real de las reservas de gas, un dato fundamental para negociar y renegociar contratos, incumpliendo la ley que obliga a certificaciones anuales; y constantemente muestra, en su organización corporativa, duplicidad de funciones y competencia interna entre la empresa matriz y sus subsidiarias. Todo esto sin mencionar los recurrentes escándalos de corrupción que han salpicado a la empresa (Santos Ramírez, Refinor, coimas en Rio Grande, narco-camiones Creta).

El empleo, que ha incrementado el personal de YPFB de 500 a 6.000 funcionarios, en gran parte administrativos, es otro falso positivo. No es un éxito aumentar la planilla si no se aumenta la eficiencia de la empresa o se contrata personal incompetente con base en cuotas de aliados electorales.

Hay también falsos positivos en la industrialización. Lo que conceptualmente es bueno (agregar valor a las materias primas) puede resultar un doloroso fracaso por malas elecciones de ubicación (la planta de urea), de diseño (planta separadora de Gran Chaco) o por desconocimiento de la complejidades del mercado (LNG "virtual” y polipropilenos).

Finalmente, los mismos contratos renegociados, al priorizar la obtención de la máxima renta con el fin de realizar gastos no siempre racionales, en lugar de concertar un plan de inversiones para la exploración, han frenado la reposición y acelerado la monetización de las reservas. De hecho, cuando se habla de inversiones en el sector, se olvida mencionar que ésas han ido principalmente a la explotación de las reservas heredadas de anteriores gobiernos y no a la búsqueda de nuevos campos, hipotecando así el futuro de los contratos de exportación y la misma industrialización.

Frente a tanta manipulación, hasta es posible que toda la nacionalización de Evo Morales sea un "falso positivo”.


 "No Pasa del Discurso"

Carlos Arze Vargas, Investigador del CEDLA

La denominada nacionalización de los hidrocarburos, que cumple 10 años de vigencia este 1 de mayo, ha significado la casi quintuplicación de la renta fiscal por ese concepto: de 608 millones de dólares para 2005 a poco más de 2.800 millones de dólares para 2014.

Sin embargo, el uso de estos enormes recursos no ha servido para diversificar el aparato productivo del país.

nacionalizacionContrariamente se ha agravado su carácter primario exportador; en 2005 la participación de las industrias extractivas (hidrocarburos y minería) en el PIB era de menos del 10%, participación que en los últimos años ha alcanzado cerca del 15%. En el mismo sentido, la oferta exportadora está compuesta actualmente en cerca del 70% por hidrocarburos y minerales, cuando en los años previos a la nacionalización esa participación alcanzaba sólo alrededor del 50%. Asimismo, el Estado ha adquirido una marcado carácter rentista, pues más del 44% de sus ingresos corrientes proviene de la explotación de los hidrocarburos.

Contrariamente al discurso oficial de superación de la economía primaria exportadora, la política gubernamental ha acentuado la explotación de estos recursos naturales no renovables buscando incrementar las rentas fiscales que le permiten ejecutar sus medidas populistas asistenciales.

La industrialización de los hidrocarburos no pasa del discurso, pues no sólo que las principales plantas en operación (por debajo de su capacidad instalada) son sólo plantas de separación de líquidos, sino que los productos petroquímicos y los plásticos que se producirían a fines de esta década están destinados casi en su integridad al mercado externo.

Por esas razones la economía boliviana ha aumentado su vulnerabilidad frente a las condiciones de la economía internacional. Frente a la crisis en los precios internacionales su "solución” es hacer más de lo mismo, otorgando beneficios impensados en octubre de 2003 a las transnacionales.

En el actual escenario de caída de precios internacionales de las materias primas, Bolivia enfrenta problemas de disminución acelerada de reservas de hidrocarburos que la escasa inversión de las compañías extranjeras -que detentan el 85% de la producción- no es capaz de revertir. Esto ha llevado al Gobierno a agudizar su política entreguista, abriendo las reservas naturales y atentando los derechos indígenas para permitir la afluencia de capitales transnacionales que busquen nuevos yacimientos, pues los contratos de la "nacionalización” no obligan a las petroleras a reponer las reservas explotadas.

Asimismo, ha decidido optar en los próximos años por compensar la caída de ingresos provenientes de la exportación de hidrocarburos, con la exportación de electricidad que, con seguridad, utilizará mayoritariamente el gas natural como combustible. Es decir, continúa refrendando el carácter primario exportador, aunque el discurso autocomplaciente del "socialismo comunitario” bautice esta nueva estrategia como "industrialización”.

Finalmente, la política gubernamental ha ido disminuyendo paulatinamente la participación estatal en el excedente petrolero al incrementar la retribución a las compañías extranjeras a través de incentivos monetarios -otorgados desde 2012 y mejorados con la Ley de Incentivos de 2015- con el objetivo de aumentar la inversión en exploración. Tanto así, que en el caso del petróleo, la distribución del valor bruto de la producción beneficia a las empresas transnacionales que se llevan el 75%, quedando el 25% para el Estado, porcentaje muy lejano al de la propaganda oficial sobre la "nacionalización” y que revierte incluso lo dispuesto por la Ley 3058 de 2005.

Asistimos, entonces, al final de una década de imposturas, de acciones que contradicen el discurso "anti-capitalista” y "anti-imperialista”, y de traición a las reivindicaciones planteadas por la heroica Guerra del gas protagonizada por el pueblo boliviano.

Mirada positiva de la nacionalización del MAS:

Soliz Rada: La institucionalización de YPFB profundizará la nacionalización (Entrevista)

Este 1 de mayo Bolivia recuerda los 10 años de la nacionalización de los hidrocarburos, una decisión asumida por el gobierno de Evo Morales a través del Decreto 28701. Andrés Soliz Rada, ministro de Hidrocarburos el año 2006 e impulsor de la nacionalización, hace un análisis de los alcances que tuvo esa medida.

Considera que la institucionalización de Yacimientos Petrolíferos Fiscales Bolivianos (YPFB) profundizará ese proceso.

nacionalizado 300EPeN: A 10 años de firmar el D.S. de nacionalización de hidrocarburos, el Gobierno de Evo Morales califica la medida como histórica, porque cambió a Bolivia. Usted fue el protagonista de ese hecho, ¿se suma a esa evaluación y comparte las razones que tiene el Gobierno para ello? ¿Cuál es su propia evaluación como actor y protagonista central de la medida, junto al presidente Evo Morales?

ASR: La nacionalización de 2006 es la medida más importante de lo ocurrido en Bolivia desde la desnacionalización de los hidrocarburos determinada por Banzer en 1972 y, desde luego, la decisión histórica fundamental del Gobierno de Evo. Con la nacionalización el país recuperó su dignidad y autoestima, y sin dignidad y autoestima es imposible la construcción y fortalecimiento de la conciencia nacional.

EPeN: Hay sectores que fustigan el D.S. 28701 porque afirman que no nacionalizó nada y sólo se modificaron los porcentajes de participación del Estado en el negocio energético, al punto que siguen las mismas empresas como Petrobras, Repsol y otras operando los campos que fueron nacionalizados. ¿Hubo o no nacionalización en el sentido que se esperaba, como lo fue en las dos anteriores?

ASR: Cada nacionalización responde a circunstancias históricas concretas y cambiantes. En la primera nacionalización, en 1936, lo fundamental era expulsar a la Standard Oil. En la segunda, en 1969, lo esencial era librarnos de la Gulf Oil Company. En 2006, advertimos que lo más importante era recuperar el control total y absoluto sobre la cadena hidrocarburífera. Lo anterior se ejecutó suscribiendo nuevos contratos con las compañías que aceptaron operar en calidad de prestadoras de servicio. Lo anterior, nos evitó caer en el anterior círculo vicioso de expulsión de las compañías, pago de elevadas indemnizaciones y descapitalización de YPFB, para luego tener que aceptar el retorno de las empresas en peores condiciones de las que existían antes de su salida del país.

El otro tema clave de la nacionalización es el fortalecimiento de YPFB. Recordemos que la Ley de Hidrocarburos del 17 de mayo de 2005 siguió considerando al ente estatal como empresa residual, ya que pese a determinar la tributación del 50 – 50, no se desembolsaba ni un solo centavo a Yacimientos. Y para agravar las cosas, la atomizaba en gerencias diseminadas por toda Bolivia. Con ese panorama, el desarrollo del potencial energético con soberanía nacional era imposible. Los resultados de la nacionalización demuestran el inmenso acierto de la medida.

EPeN: El presidente Morales ha dicho en varias ocasiones que usted y su equipo ministerial propusieron que en vez del 18% (para el Estado) – 82% (para las transnacionales) vigente antes de la nacionalización, se aplicara el 70%– 30%, pero que fue el propio Presidente el que decidió al final por el 82%- 18% que finalmente se decretó. ¿Fue así? ¿Se aplicó esa fórmula última a todos los campos en producción? ¿Cómo decidió exactamente todo?

ASR: En el momento de la nacionalización, el Presidente consideró que lo fundamental era asumir posiciones simbólicas. Si Sánchez de Lozada había optado por el 82-18 a favor de las compañías, el Decreto de Nacionalización debía decir 82-18 a favor del Estado. Mi sucesor en el cargo de Ministro, Carlos Villegas, en su libro “La Nacionalización del Siglo XXI”, analiza el tema con más frialdad y concluye que la tributación quedó fijada en alrededor de 75 – 25, sobre todo si se toma en cuenta el pago de costos recuperables que se paga a las compañías.

EPeN: ¿Qué riesgos o fortalezas considera que tiene Bolivia en el negocio energético en el contexto regional actual, con Brasil girando a la extrema derecha, Argentina en poder de los fondos buitres y su presidente Macri con ministros vinculados a las transnacionales del petróleo, Perú eligiendo entre derecha o ultraderecha, Venezuela tambaleando, etc.?

ASR: La fortaleza en el momento actual reside en que la nacionalización de 2006 fue seguida por otras nacionalizaciones exitosas, sobre todo las de ENTEL y ENDE, lo que nos ha permitido desarrollar en gran medida el sector energético en su conjunto, al que se han sumado energías alternativas, con perspectivas de lograr metas más ambiciosas aún en termoelectricidad e hidroelectricidad. Frente al retroceso que viven los países vecinos, Bolivia debe profundizar la nacionalización logrando que YPFB sea institucionalizada y adquiera mayor transparencia y eficacia, lo que evitará errores cometidos hasta ahora.


 Documentos importantes

“Nacionalización” de los hidrocarburos del gobierno del MAS: balance y perspectivas de Carlos Arze Vargas (CEDLA)

gasparaboliviaCompartimos un importante trabajo de análisis del investigador Carlos Arce del CEDLA que, de forma crítica y con datos, analiza la medida de "industrialización" del MAS a 10 años de que le gobierno implementara esta política.

Resumen descriptivo del texto de CEDLA:

"La “nacionalización” del MAS no es un verdadero proceso de nacionalización porque la fase central de la cadena de los hidrocarburos, que es la fase de las producción, la controlan empresas extranjeras. Esta política traiciona la lucha del pueblo boliviano para que el Estado rompa la histórica dependencia, el sometimiento a los intereses extranjeros, nacionalizando los hidrocarburos que son una de las fuentes de ingresos más importantes para el país.

Cabe la pregunta: ¿Qué hacer para revertir la actual política de hidrocarburos?

Un objetivo central de toda nacionalización en países atrasados como el nuestro, donde está vigente un patrón de acumulación primario exportador, es romper con ese destino que el capitalismo no ha impuesto como vendedores de materias primas, a través de la industrialización. Ese objetivo que estaba planteado en la Agenda de octubre no se ha cumplido.

La verdadera nacionalización significa la expropiación de los medios de producción que están en manos de las empresas transnacionales." Descargar documento AQUÍ


La nacionalización en Bolivia 1937-1969 (HORA 25)

El periódoco quincenal "Hora 25" conmemorando un aniversario más de la "Guerra del Gas", el 2013 publicó una separata especial sobre la nacionalización en Bolivia. Un documento que repasa los procesos de "nacionalización" anteriores hasta llegar a la "nacionalización del MAS. Descargue el documento AQUÍ


librotransnacionalesLIBRO: "Las transnacionales no son socias. Por una política nacional de hidrocarburos" de Marwan Tahbub - CEDIB

Una investigación del año 2010 de Marwan Tahbub, en el marco de las producciones del CEDIB. El título expresa una conclusión muy importante para reflexionar en relación a la política hidrocarburífera de Evo Morales y el MAS: "Las transnacionales no son socias"

Descargue el libro AQUÍ

Vea También:

Miradas criticas sobre una Ley de Incentivos para las empresas petroleras transnacionales (Somos Sur)

Nuevos incentivos: retribución efectiva da a petroleras 74,5%; al Estado, 25,5% - Carlos Arze Vargas (Bolpress)