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Características Socio ambientales, Problemática del TIPNIS y Análisis de Escenarios

tipnis-escenariosCARACTERISTICAS SOCIOAMBIENTALES, PROBLEMÁTICA DEL TIPNIS y ANALISIS DE ESCENARIOS

Marco Octavio Ribera Arismendi

(Coord.Investigación y Monitoreo Ambiental LIDEMA)
Junio 2010

El TIPNIS significa Territorio indígena y Parque Nacional Isiboro Secure, el nombre se deriva del extenso polígono de bosques y sabanas (más de un millón de hectáreas) ubicados entre la llanura beniana y las sierras subandinas de Cochabamba. Es una TCO y un Área protegida al mismo tiempo, dualidad derivada de la condición de TCO (Tierra comunitaria de origen) lograda después de la marcha indígena de 1990, que mantiene la categoría de Parque Nacional dada por el Estado el año 1965. Su gestión se adscribe tanto al SERNAP como a la Subcentral indígena  del TIPNIS, en el marco de una gestión de responsabilidad compartida. La importancia del TIPNIS, tanto en sus valores culturales como ecológicos, adquiere mayor realce a partir de los postulados y principios de la nueva constitución Política del Estado Plurinacional.

Distribución de ecosistemas y riqueza biológica: Aspectos generales

La  ubicación del TIPNIS es típicamente transicional a partir de un gradiente de varios pisos ecológicos, todos ellos, caracterizados por su alta sensibilidad ambiental. De hecho, la zona de mayor fragilidad ecológica corresponde a la zona de serranías subandinas, pero también la transición entre el subandino y la llanura aluvial, conformada por los contrafuertes pedemontanos (colinas y terrazas onduladas) presentan una elevada fragilidad ecosistémica. El gradiente ecológico del TIPNIS, implica al menos cuatro pisos ecológicos, desde las zonas de yungas pluviosos en las cimas de la Cordillera de Mosetenes, hasta la llanura aluvial baja del norte, sujeta  a fuertes inundaciones estacionales.  

Todo el TIPNIS, ingresa en el centro de megapluviosidad del Chipiriri-Chapare, la región más lluviosa de Bolivia, con extremos de precipitación que llegan a superar los 6.000 mm./año. Esta hiperpluviosidad tiene efectos decisivos en los regímenes y ritmos de inundación del río Mamoré y la llanura beniana adyacente aguas abajo. Los bosques de yungas-subandino y sus suelos forestales, funcionan como auténticas esponjas, reteniendo el agua sobreabundante y favoreciendo la regulación de cuencas. Considerando la importancia de la evapotranspiración, todos los bosques del área, incluyendo los del pie de monte y llanuras adyacentes, ofertan dicho servicio ambiental, siendo por excelencia bosques de protección. Este valor tiene adquiere aún mayor importancia, considerando los episodios pluviales extremos en los fenómenos Niño-Niña y los riesgos del cambio climático.

Bosques de Yungas

Se ubican en macizos montañosos y serranías elevadas del sistemas de Serranías Mosetenes-Moleto, bajo influencia directa del centro de megapluviosidad de Chipiriri-Chapare. Los niveles de precipitación se sitúan normalmente entre los 3.000 y más de 5.000 mm/año. El intervalo altitudinal está entre los 2.400 y 700 m snm, hacia el límite inferior forma ecotonos difusos y no claramente diferenciables con los bosques subandinos. Sus particularidades florísticas han hecho que se las definida como una región de Yungas especial (parte de los Yungas de Vandiola, Pojo y Totora),  con mayores afinidades con los Yungas de La Paz que con los Yungas adyacentes de Amboró, sin embargo, los aspectos de distribución, estructura, fisonomía, fragilidad y riqueza biológica son muy similares. En algunas zonas las partes más altas de las sierras corresponden a bosques nublados de ceja. Un 80% de los bosques de Yungas se ubican en topografías muy inclinadas a escarpadas. Conforman un mosaico de formaciones boscosas cuya distribución responde a ubicaciones topográficas, orientación de ladera, gradiente altitudinal y exposición a las masas de humedad. Los niveles de biodiversidad son elevados y con una gran certidumbre de alto número de endemismos.  La aptitud agrícola de estas tierras es ínfima, incluso la vocación forestal es baja por las limitaciones del terreno, en tanto que son aptas para prestación de servicios ambientales y conservación de la biodiversidad, así como para usos indirectos como el ecoturismo.

Bosques pluviales subandinos


Las serranías subandinas  forman parte de los contrafuertes de la cordillera de Mosetenes, comprenden la región más lluviosa del país (con más de 6.000 mm anuales. Son regiones con escasa activad humana y prácticamente sin asentamientos permanentes. Los bosques altos y densos de elevada riqueza biológica cumplen también importantes servicios ambientales de protección de cuencas y control de caudales, siendo ésta su principal aptitud. Son bosques de elevada biodiversidad, con altos niveles de endemismo y alto grado de fragilidad ecológica por las limitaciones de suelos, pendientes y elevada pluviosidad (más de 4.000 mm/año). Se distribuyen entre los 1.000 y 400 msnm., a manera de una franja casi continua de Serranías subandinas, las cuales se caracterizan por sus cursos paralelos al rumbo cordillerano, formando estrechos valles y conjuntos de colinas disectadas.

Bosques pluviales a húmedos, pedemontanos

Ubicados en los últimos faldíos de colinas y serranías bajas, a manera de una franja relativamente angosta, entre las serranías subandinas y la llanura aluvial, e inmersa en el núcleo de mega pluviosidad Chipiriri-Chapare, con niveles de pluviosidad que suelen sobrepasar los 3.000 mm. Estas tierras oscilan entre los 500 y  300 msnm. Las condiciones de fragilidad se extreman hacia la zona de colinas y ondulaciones más próximas al muro de serranías por efecto de las lluvias intensas y las pendientes. Es el tipo de región ecológica más impactada y de mayor vulnerabilidad en todo el sistema tropical preandino de Bolivia y América del Sur, debido sus condiciones óptimas para el cruce de las denominadas “carreteras marginales de la selva”, sin impedimentos de drenaje o topografía abrupta. Esto ha significado que una gran parte de esta ecoregión al pie de lo Andes, haya sido devastada por caminos y colonización, o esté en grave riesgo, como es precisamente la zona al oeste del río Ichoa en el interior del TIPNIS. Otras zonas en similar riesgo son la zona de Eva Eva al sur del Bosque Chimanes y Heath-El Tigre en el Norte de La Paz (PN.Madidi). Este tipo de ecoregión presenta una extraordinaria riqueza biológica, con una composición biológica diferente a la de las serranías y más rica en especies que la llanura aluvial. La vocación de esta región, es netamente de conservación, protección de cuencas y manejo forestal regulado, situación que nunca ha sido tomada en cuenta, al permitir el establecimiento de emprendimientos agropecuarios.

Bosques pluviales de la llanura (ríos Chipiriri-Chapare)

Concentrado en la zona del trópico de Cochabamba y zonas adyacentes del Beni (TIPNIS), se distribuye al norte de la faja pedemontana  ocupando parte del núcleo de mega pluviosidad Chipiriri-Chapare, con precipitaciones excepcionalmente altas que pueden superar los 4.000 mm./año. Hasta inicios de los años 90 se caracterizó por su extraordinaria biodiversidad y la presencia de bosques altos. A pesar de las limitaciones ocasionadas por la elevada pluviosidad, la región tiene una fuerte ocupación por la colonización y una elevada devastación y modificación de los ecosistemas por el cultivo de coca a gran escala. Se puede estimar que las pérdidas de biodiversidad fueron desastrosas. Se consideran ecosistemas de elevada fragilidad por la condición muy ácida y de fácil lixiviación de los suelos, siendo su vocación agropecuaria muy limitada, con aptitudes para el manejo forestal, la conservación y la prestación de servicios ambientales, aspectos que nunca fueron tomados en cuenta.

Bosques húmedos de la llanura aluvial

Son las extensas planicies con escaso gradiente altitudinal al norte del TIPNIS, por tanto están sujetas a fuertes inundaciones estacionales. En términos generales constituyen complejos mosaicos de diversos tipos de ecosistemas boscosos (bosques de altura bien drenados, bosques de inundación, bosques pantanosos, bosques ribereños), principalmente determinados por gradientes de drenaje de los suelos y ausencia-duración de la inundación. Tienen amplias zonas de contacto con las sabanas naturales del Beni Central y Sur. Las partes más elevadas o “alturas”, sin inundación, corresponden a bosques altos (30-50 metros) de importante riqueza biológica. Las dinámicas de divagación de los ríos, son particularmente importantes en la historia de la organización ecológica de estas regiones.

Población y diversidad de actores sociales.-

 

La población del TIPNIS es eminentemente indígena, distribuida en los grupos Mojeño-Ignaciano, Yuracaré y Chimane (Diez Astete y Murillo, 1998), con claras evidencias de una ocupación ancestral de varios siglos. El proceso de  consolidación del territorio proviene de los años 80, culminando con la declaración de TCO. En el Área existen aproximadamente unas 43 comunidades, aunque se hace referencia a 64, posiblemente diferenciando asentamientos dispersos familiares extendidos, que suelen ser parte de comunidades establecidas. En cualquier caso, se está hablando de más de 400 familias que agrupan cerca de 3.000 habitantes indígenas; siendo el grupo mojeño-ignaciano el más importante (70 % aprox.). La zona de colonización dentro del TIPNIS se concentra en el extremo sudeste del área, con más de 1.000 familias de colonos en unos 80 asentamientos o colonias. En la zona de influencia más inmediata del área, hacia el  extremo sudeste, se extiende el amplio sector de la colonización Isinota-Villa Tunari, que es ya parte del Chapare, con más 15.000 habitantes. Una línea roja (línea limítrofe que pretende detener el avance de la colonización) fue acordada y redefinida en varias oportunidades e incluso llegó a contar con un Decreto supremo (22610), sin embargo fue reiteradamente vulnerada por el avance de la colonización. Todos lo colonos de la región del TIPNIS se agrupan en seis centrales que forman parte de la Federación del Trópico de Cochabamba.

El proceso de expansión de la colonización al interior del área proviene de inicios de los años 80, y principalmente en función a los repuntes extraordinarios del mercado de la coca en dichos años. La población colona es relativamente reciente, a diferencia de otras regiones de colonización (Alto Beni, Yapacaní) no existen colonos asentados por tiempos mayores a 30 años.  La zona de colonización en el Sudeste del área, ha mantenido la tendencia a crecer o expandirse a partir de la afluencia de nuevos colonos, desde zonas más densamente pobladas del Chapare y con “crisis de barbecho” o desde zonas con mayor interdicción del cultivo de coca. La colonización se extiende al pie de monte, aproximándose al río Ichoa en el Oeste y afectando parte de las nacientes de los ríos Corizota, Yamiyota  Lojojota.

Comunidades indígenas y ocupación del espacio

Las zonas de producción indígena se distribuyen en el área principalmente en los entornos de influencia de los ríos principales y afluentes navegables (Secure, Isiboro, Ichoa, Plantota, Chimimita, Chajmota), tanto en sus espacios agrícolas como sus zonas de caza, pesca y recolección. Se puede decir que los pobladores indígenas del área son especialmente “ribereños” y están fuertemente ligados a los ríos para su movilidad y obtención de recursos básicos.

El proceso de ocupación de la región Isiboro-Secure  se remonta a períodos pre-jesuíticos con la presencia de parcialidades del grupo étnico mojeño (Mariquionos, Jubiranas) de acuerdo a crónicas (Lehm, 1999). Posteriormente se produjo el proceso misional de reducción, que prácticamente habría vaciado las zonas de bosques interiores. Sin embargo a pesar de ello, en dicha época, se producían frecuentes huidas de grupos indígenas a los bosques pedemontanos, huidas que eran fuertemente combatidas por los misioneros. Después de la expulsión de los jesuitas se acrecentaron las fugas desde las debilitadas reducciones, principalmente a raíz de los frecuentes procesos de explotación e incursiones esclavistas. Ya en la época republicana se produjeron fuertes procesos de avasallamiento de las tierras tradicionales indígenas, a esto se sumó el acoso directo a la población indígena a fines del siglo XIX con el auge de la goma. Esto dio lugar a la aparición de un movimiento milenarista del pueblo mojeño conocido como la “búsqueda de la Loma Santa”, básicamente un proceso dispersivo masivo de las comunidades indígenas hacia sus zonas de ocupación ancestral con el fin de escapar de los procesos de avasallamiento y abuso. Las regiones ocupadas por los buscadores de Loma Santa en los últimos 165 años fueron el TIPNIS y el adyacente Bosque de Chimanes. Muchas actuales comunidades del TIPNIS como San Juan de Natividad y San Antonio (del Plantota), San Pedro y Concepción del Imose (en el Ichoa), son producto de los procesos de búsqueda de la Loma Santa y precisamente se encuentran en zonas interiores de difícil accesibilidad.

En el río Secure se distribuyen aproximadamente 17 comunidades y asentamientos de familias extendidas, donde destacan San Bernardo, San Lorenzo, Oromomo y Asunta; las comunidades indígenas aguas arriba de este río (arriba de Oromomo) son exclusivamente Chimanes. En el río Isiboro al Este existen cerca de 13 comunidades y asentamientos dispersos, destacando San Pablo, Santa María (juntas Ichoa-Isiboro), Naranjito, Limoncito,  Santa Rosa; una importante proporción de población es Yuracaré. A lo largo de los  ríos Lojojota, Yamiyota e Ipuri  próximos al Isiboro en el Oeste, existen varias comunidades y asentamientos Yuracares (8), en tanto que en sus nacientes del pie de monte se encuentra la comunidad mojeña de Santísima Trinidad. A lo largo del río Ichoa en el centro del área existen 5 comunidades y asentamientos dispersos destacando Puerto Esperanza y Moleto cerca al pie de monte. A lo largo del río Chimimita afluente del río Ichoa, se distribuyen cerca de 5 comunidades y asentamientos dispersos. En tanto en el río Plantota existen 6 comunidades-asentamientos dispersos destacando San Juan de Natividad. El arroyo Chajmota en el Norte, afluente del río Isiboro alberga en sus terrazas dos comunidades mojeñas.

Casi todas las comunidades indígenas del área  tienen un origen muy antiguo (principios de siglo o mucho antes) otras son más recientes en su actual ubicación (50 años o aún menos), sin embargo la localización actual de las comunidades puede ser un artefacto interpretativo, debido a la gran movilidad de estas en el área. Esto quiere decir, que la mayor parte de ellas han experimentado uno o más procesos de reubicación, algunas veces incluso con un cambio de nombre. Esta movilidad guarda estrecha relación con la típica dinámica de las etnias amazónicas, de alternar zonas de uso de recursos, reduciendo la sobrepresión sobre los espacios ocupados y permitiendo la regeneración de los recursos en las zonas abandonadas.  

Las zonas de producción se concentran a lo largo de las terrazas altas aluviales de los ríos, mayormente libres de inundación y con mayor fertilidad, y en algunas zonas más altas del pie de monte. Sin embargo extensas zonas boscosas y sabaneras del interior del área están exentas de procesos productivos agriculturales, debido a las limitaciones de los terrenos. Aproximadamente, hasta un 50% de la superficie del área en la región de llanuras, se inunda o anega en mayor o menor grado y existen grandes zonas pantanosas de inundación permanente. Otra extensa región, donde no existen asentamientos humanos y por tanto, exenta de actividades productivas (debido a las limitaciones topográficas por las fuertes pendientes y el clima hiperlluvioso), es el bloque de serranías subandinas de la cordillera de Mosetenes.

Medios de vida y sistemas productivos

Los sistemas productivos en el área deben necesariamente diferenciarse entre aquellos de las comunidades indígenas de los sistemas de producción desarrollados por los colonos. Aún más, se pueden inclusive, establecer importantes diferencias entre los sistemas productivos indígenas de Chimanes y Yuracares  respecto de los sistemas productivos de la mayoría de las comunidades o familias mojeñas, las cuales tienen un mayor grado de asimilación de prácticas culturales de la sociedad regional criolla.

Los sistemas productivos en todas las comunidades indígenas del área, considerando las tres etnias, tienen una orientación estrictamente definida hacia fines de autoconsumo, esto obedece en parte a las características culturales de producción, pero también a las limitaciones de lejanía y difícil accesibilidad del área y que limitan las posibilidades de una comercialización de excedentes.

La producción agrícola en toda la región está sujeta a fuertes limitaciones relacionadas a las condiciones climáticas de mega pluviosidad, en el piedemonte y subandino (zonas de megapluviosidad), los suelos tienden a ser marcadamente ácidos y lixiviados. En las llanuras aluviales, la producción agrícola está limitada por las fuertes inundaciones estacionales, que en algunos años con episodios Niño-Niña, adquieren características de catástrofe.

Los sistemas agrícolas indígenas (agricultura migratoria) están notablemente adaptados a las limitaciones ecológicas regionales y a las dinámicas de regeneración del bosque. Los procesos de restauración o sucesión del bosque son rápidos, en función a que los cultivos ocupan reducidos espacios. Los huertos indígenas son muy diversificados, albergando hasta una docena de diferentes cultivos en pocos cientos de metros cuadrados. Existen prácticas complejas selección de los suelos y un enriquecimiento de barbechos y bosques secundarios.  

La caza y pesca son actividades desarrolladas como bases fundamentales de los sistemas productivos y de subsistencia familiar. La cacería se desarrolla en zonas distantes a media jornada hasta dos jornadas de distancia a las viviendas y poblados, en la zonas con procesos de vaciamiento más agudos las mayores inversiones de tiempo y esfuerzo (recorrer mayores distancias) que se requieren hace que los pobladores o recurran a la pesca como alternativa proteica o prescindan de esta con las consecuentes secuelas de desnutrición.  Existe un flujo activo y regular de fauna silvestre entre el subandino, el pie de monte y la llanura aluvial. Cuando dicho flujo se interrumpe, como es el caso de la zona entre los ríos Isiboro e Ichoa por el camino y la colonización, la abundancia de fauna disminuye notablemente después de unos años.

También la pesca es parte fundamental de los sistemas de producción indígenas. El TIPNIS es una zona reproductiva importante de muchas especies de peces con valor comercial en la llanura beniana, que ascienden hasta los ríos altos para desovar. Las perturbaciones ecológicas de los ríos pedemontanos (desvíos de cauce, cambios de caudal, contaminación, etc.) pueden ocasionar afectaciones severas a las poblaciones de peces a nivel macroregional.

La forestería indígena es de muy bajo impacto y dirigida hacia fines comunales y familiares domésticos; al contrario la intromisión en los últimos diez años, de empresas forestales (ilegales en el TIPNIS) y motosierristas,  desde el contiguo Bosque Chimanes, han ocasionado fuertes impactos a los ecosistemas de la zona Noroeste (ríos Secure, Plantota y Chimimita y las inmediaciones de la Laguna San Francisco), a partir de la explotación forestal selectiva dirigida mayormente a la Mara y Cedro. La expoliación forestal ocasionó también una fuerte desarticulación de las comunidades indígenas y severos conflictos internos en las organizaciones locales.

La baja intensidad de los sistemas de producción indígenas da lugar a que ninguno de sus componentes constituya realmente una seria amenaza para los ecosistemas y recursos del área. Al contrario los sistemas expoliativos de explotación forestal empresarial ilegal constituyen una de las mayores amenazas para los ecosistemas. El avance de los sistemas de producción de los colonos al interior del área, especialmente en relación al cultivo de coca, constituye uno de los mayores problemas, ligado además a actividades ilegales de producción de droga, las cuales han sido interdictadas con mucha dificultad.

Los sistemas de producción de los colonos esta estrechamente dirigida a determinados productos con mayor demanda de mercado local y regional, como es el caso del arroz, plátano o yuca, pero especialmente a la coca. En general son monocultivos extensos (ocupan superficies entre tres o cuatro veces más grandes que los chacos indígenas). La producción de coca tuvo un auge en los primeros años de los 80 en fuerte asociación a la elaboración de pasta base de cocaína. La proliferación tanto del cultivo como de la elaboración de droga, fue intensa a pesar del control entre 1992 y 1995. A lo largo de muchos años y hasta la actualidad, los sistemas productivos colonos, gravitan en torno al cultivo de la hoja de coca.

El impacto vial


Desde mediados de los años 90, tanto desde el nivel central, como de los ámbitos departamentales de Beni y Cochabamba, se empezó a hablar del camino entre San Ignacio de Moxos y Villa Tunari. Es importante mencionar que las más decisivas acciones de apoyo, provinieron desde la prefectura del Beni al impulso de los intereses de las empresas madereras que explotaban concesiones en el vecino Bosque Chimanes (en especial la empresa Fátima SRL). Y que años antes ya ocasionaron explotaciones ilegales al interior del TIPNIS. Es así, que el año 1998, se dio un penoso proceso de intento de apertura de la ruta, prescindiendo de cualquier instrumento de regulación ambiental (Ficha, EEIA, Consulta, incluso proyecto). Llamaba la atención que el trazo de la supuesta vía bi departamental, parecía errática (no lineal), y lo que en realidad ocurría, es que los trazos seguían el rumbo de los machones de maderas preciosas dentro del TIPNIS. La falta de presupuestos y la resistencia del SERNAP y las organizaciones sociales, paralizaron en ese entonces estas intenciones poco responsables. En abril del 2003, el gobierno de Sánchez de Lozada emitió un Decreto por el cual se incorporaba el tramo Villa Tunari-San Ignacio en la Red fundamental del país e instruía al Servicio de Caminos la responsabilidad de priorizar la obra. Poco tiempo después, el gobierno de Carlos Mesa aprobaba una Ley de la República instruyendo al poder ejecutivo la búsqueda de financiamientos para la carretera Cochabamba trinidad (que incluye el tramo Villa Tunari –San Ignacio). El último soporte legal a esta vía que cruza un Área protegida y Territorio Indígena, fue dado por el gobierno de Evo Morales en septiembre del 2006, a través de una Ley (3477) que instruía la gestión de financiamientos a las prefecturas de Beni y Cochabamba. En agosto del año 2009, el gobierno del Brasil ofrecía el apoyo crediticio para la construcción del tramo, a ser cubierto por el BNDES y con un solo proponente a la oferta “llave en mano” bajo un techo presupuestario de 415 millones de $US, la empresa OAS del Brasil.

Respecto al BNDES, es necesario mencionar su apoyo decisivo a las megarepresas del río Madeira y el sólido soporte a muchas obras del IIRSA, en tanto que sus políticas y  salvaguardas socioambientales son tan bajas, como su responsabilidad en la fácil inversión de megaproyectos de alto riesgo ecológico, al punto de no tener asomo de comparación con las del Banco Mundial y del BID, lo cual es ya mucho decir. Por su parte OAS, es una empresa constructoras que ha sido calificada como de muy baja responsabilidad social y ambiental, habiendo participado en las pugnas de la megarepresa Belo Monte en el Xingu y  actualmente es parte del consorcio GERAÇAO ENERGIa junto con ELETROBRÁS y FURNAS, responsable de la construcción y puesta en marcha de la megarepresa Iñambari en la Amazonía del Perú, megaobra que devastará una de las regiones biológicamente más ricas y más frágiles del vecino país y afectará una gran superficie del territorio de la etnia Ashaninka. Adicionalmente, OAS  ha sido acusada en el Brasil, de irregularidades administrativas en grandes obras urbanas. Estos son los brillantes socios que ha conseguido el gobierno para la construcción del camino en el TIPNIS.   

Otros impactos y riesgos socio ambientales

Es importante mencionar los impactos socio ambientales por efecto de la exploración hidrocarburífera en los años 1995 al 1998 por la REPSOL (bloque Secure), y que han tenido fuertes efectos negativos en los bosques, la calidad de las aguas de arroyos, ríos y suelos de zonas interiores, los medios de vida de algunas comunidades (Gavalda, 1999). Hasta el año 2001 estaba vigente la amenaza de la exploración y eventual explotación petrolífera del bloque Secure (solicitado hace varios años por la empresa ANDINA como compensación al fallido ingreso al PN. Amboró). Actualmente la región se mantiene dentro los planes y expectativas de exploración de PETROANDINA (YPFB-PDVSA).

También existe un elevado riesgo de emergencia de conflictos violentos en la región de irrupción de la colonización en el territorio indígena. Ello no sería cosa nueva, pues se han venido dando de forma recurrente, el último muy violento, ocurrió a fines del 2009 cuando se produjo la intromisión de miembros de los sindicatos 16 de octubre, Nueva Estrella y Valle Encantado (no afiliados a las federaciones de colonos de la región) en los espacios comunales Yuracares, dando lugar a choques con resultado de varios heridos y un colono muerto. Dicho avance de la colonización se dio como respuesta al solo anuncio gubernamental de la construcción de la vía Villa Tunari-San Ignacio de Moxos. Este episodio es  muy indicativo de lo que puede suceder a medida que la colonización se expanda avasallando los espacios indígenas, especialmente al influjo del camino a ser construido.

Toda la región del Chapare es un centro de aparición de brotes de enfermedades graves e inclusive de aparición de nuevos patógenos. El año 2005, se reportaron varios casos del Hanta Virus en las zonas de Isinuta y Eterasama, en tanto que el 2006 se produjo un letal brote de fiebre amarilla en la región de Villa Tunari. En el año 2008, se reporto el “arenavirus Chapare”, un virus nuevo, hemorrágico y de alta letalidad, relacionado a los virus Machupo, Lassa, Junin, y Sabia, todos transmitidos por roedores. Existen evidencias de que los brotes de estos virus aparecen en zonas de fuerte perturbación ecológica (como el avance de fronteras agrícolas y formación de villorrios), en asociación al aumento de la abundancia poblacional de ciertos roedores (ya sea por ausencia de predadores o ante el estímulo de mayores fuentes alimenticias provistas por las cosechas y el comercio). La zona es también endémica del Dengue, cuyo virus y su vector están relacionados a ambientes antropizados, es decir es una enfermedad propias de zonas habitadas y no de la selva propiamente. Estos aspectos hacen prever, que existe un elevado riesgo de incremento pandémico de varias enfermedades tropicales graves, en función a la construcción de la vía y el avance de la colonización.

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Comentarios  

 
-1 #1 Erika Rannenberg 04-07-2012 13:43
:lol:
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