Somos Sur

A cien años de la Revolución Rusa de 1917

lenin13 de octubre de 2017

La revolución rusa, hace 100 años, fue uno de los acontecimientos más trascendentes de la historia mundial. También uno de los más tergiversados por falsificaciones históricas.

Los grandes poderes capitalistas, y también el stalinismo, se encargaron de ocultar la verdadera historia, porque ésta sigue -hasta el día de hoy- un poderoso ejemplo de liberación social. Conozca diferentes aportes.


A 100 años

La revolución rusa de 1917

Miguel Lamas

(Artículo publicado en la Revista Cuarto Intermedio - Nº116)

En febrero de 1917, en medio de la I guerra mundial, cae el antiguo y enorme imperio de los zares, que se extendía desde el oriente Europeo hasta las fronteras chinas y tenía 150 millones de habitantes. Un incontenible proceso revolucionario de masas, formó nuevos organismos asamblearios democráticos, los “soviets” de obreros, soldados y campesinos. Sólo 8 meses después estos “soviets” tomaban el poder con una nueva dirección al frente: Lenin y Trosky, el Partido Bolchevique y con un objetivo inmediato de las masas sintetizado en “pan, paz y tierra”. Para Lenin, Trosky y la dirección del Partido Bolchevique y del nuevo Estado, era el primer paso de la revolución socialista mundial.

Este triunfo de los Soviets y los bolcheviques conmovió al mundo. Desde los grandes poderes del capitalismo mundial se inició de inmediato una gran campaña denunciando, desde todo los poderes del mundo, la supuesta "dictadura de Lenin y los bolcheviques" y se organizó una invasión de ejércitos de 14 países para intentar aplastar la revolución.

El derrumbe del imperio zarista

El imperio de los zares (dinastía Romanov) era un país muy atrasado, con rasgos feudales. La gran mayoría de su población eran campesinos muy pobres y analfabetos. Pero al mismo tiempo, en la capital, Petrogrado, en Moscú y algunas otras ciudades, se había desarrollado un proletariado industrial relativamente pequeño, pero de varios millones, muy moderno y concentrado. La mayor parte de las fábricas y los bancos pertenecían a empresarios extranjeros, ingleses y franceses.

rusiazarista

La guerra inter imperialista significó penurias enormes y crecientes para el pueblo ruso. El imperio, encabezado por Nicolas II, aliado a Francia y Gran Bretaña, envió a millones de soldados campesinos a la muerte en las trincheras, ante el poderío militar de Alemania. El anhelo de lograr la paz fue creciendo entre los soldados y todo el pueblo, mientras Inglaterra y Francia presionaban al zar para que siguiera enviando tropas cada vez más descontentas y exhaustas.

En febrero de 1917, la policía reprimió una enorme movilización en Petrogrado, iniciada por mujeres obreras y de los barrios obreros. Estalló una insurrección que luego de cinco días de combates logró la caída de la dictadura del zar Nicolás II. Se formó un "gobierno provisional" encabezado por el partido de la burguesía liberal y "democrática", los kadetes (siglas en ruso de los "demócratas constitucionalistas") e incluyendo a los mencheviques, el ala reformista de la socialdemocracias, el partido marxista fundado en 1898, y los social revolucionarios, con mucha influencia en el campo. El partido kadete había acompañado a la monarquía hasta su caída, y los generales del ejército zarista se pasaron al bando de la "democracia" de un día para otro, apoyando y algunos integrando al nuevo gobierno.

Los soviets

Retomando la experiencia de la revolución de 1905, rápidamente resurgieron los soviets (o concejos). Eran organismos democráticos representativos de millones de obreros, campesinos y soldados en lucha, donde deliberaban y decidían los delegados elegidos y revocables de obreros, soldados y campesinos. El ala revolucionaria de la socialdemocracia, los bolcheviques encabezados por Lenin, eran en los primeros meses de 1917 una pequeña minoría en los soviets.

sovietpetrogradoLos soviets tenían un poder propio enorme, y hasta en el ejército los generales tenían que negociar sus órdenes con los soviets. El gobierno provisional se sostenía sólo con el apoyo que le daban desde la dirección de los soviets los dirigentes reformistas, mencheviques y socialistas revolucionarios. Estos dirigentes apoyaban al gobierno de la burguesía liberal con el supuesto objetivo de un desarrollo capitalista en Rusia en una primera etapa, y en un futuro lejano llegaría la hora del “socialismo”.

Lenin volvió en abril de 1917 a Rusia desde su exilio en Suiza y llamó a su partido a no dar ningún apoyo al gobierno provisional y a luchar por “todo el poder para los soviets”.

La revolución de febrero impuso amplísimas libertades políticas. Pero no se resolvían los graves problemas sociales de obreros, campesinos y soldados. El pueblo ruso exigía la paz inmediata, y el gobierno pretendía seguir la guerra. Mientras los campesinos exigían la tierra e iban contra los terratenientes, estos apoyaban al gobierno y algunos eran ministros. Los obreros hacían huelgas exigiendo aumentos de salarios, devorados por la inflación y los patrones les pedían “paciencia”. La miseria generalizada golpeaba a la población. El gobierno prometía cumplir con esos anhelos con una asamblea constituyente cuya convocatoria electoral iba postergando.

Las masas fueron perdiendo la esperanza de que el gobierno de Kerensky resolviera algo. La influencia en los soviets de los mencheviques y los social revolucionarios fue debilitándose a medida por su apoyo al gobierno burgués, cada vez más odiado por el pueblo.

El partido bolchevique que denunciaba implacablemente al gobierno, fue perseguido por el gobierno, y Lenin tuvo que vivir en la clandestinidad en un barrio obrero. Su consigna “todo el poder a los soviets”, desde septiembre se comenzó a hacer inmensamente popular. Y los bolcheviques fueron ganando la mayoría en soviets, sindicatos y comités de fábrica.

La insurrección de octubre

Perdido el apoyo de los soviets, el gobierno de Kerensky quedó en el aire. Entre el 25 y el 26 de octubre en Petrogrado se llevó a cabo una insurrección armada que contó con un apoyo masivo, para destituir al gobierno burgués y trasladar el poder a los soviets.

trotsky y ejercito rojoLa insurrección fue cuidadosamente organizada y dirigida por los bolcheviques y el Comité Militar del soviet (dirigido por Trotsky, que presidía el soviet de Petrogrado). También se hizo en Moscú. Actuaron milicias armadas desde las fábricas y los barrios obreros, los regimientos y los marinos de la flota del Báltico. El último operativo fue el bombardeo del Palacio de Invierno desde las aguas del río Neva por el acorazado Aurora y su ocupación por cientos y cientos de milicianos y soldados. El apoyo militar al gobierno se derrumbó rapidamente. Los soldados obedecían a los soviets. Las cúpulas del gobierno, burguesas y reformistas, se desbandaron sin pena ni gloria.

El 26 de octubre se abrió el segundo congreso de los soviets de toda Rusia, donde miles y miles de delegados inauguraban el nuevo gobierno revolucionario.

El nuevo Comité Ejecutivo Central de los soviets asumió el gobierno: fue compuesto por 108 representantes de los soviets obreros, 108 representantes delos soviets campesinos, 100 delegados delos soldados del ejército y marina, 35 de las uniones sindicales, 10 del sindicato ferroviario y 5 de los trabajadores de Correos y Telégrafos.

La democracia soviética era un régimen de democracia directa que nunca había existido en los Estados modernos, salvo por breve tiempo en la Comuna de París (gobernó 70 días en 1871). En su Ejecutivo y en todos los niveles (regionales, distritales, locales), los soviets rusos, discutían apasionadamente y a menudo los dirigentes y el propio Lenin, quedaban en minoría.

Las primeras medidas del gobierno revolucionario

El mismo día que asumió, el gobierno soviético decretó una paz inmediata, sin anexiones, y la abolición de la diplomacia secreta y sus tratados. Al día siguiente, el decreto sobre la tierra abolió, sin indemnización, la propiedad terrateniente y de la iglesia Ortodoxa (una de las mayores terratenientes del imperio). La tierra y las construcciones e instrumentos de labranza pasaban a los soviets campesinos. Al mismo tiempo no se cuestionaban la propiedad y los bienes de los campesinos. En las ciudades hubo moratoria de alquileres y medidas para garantizar la provisión de alimentos.

En noviembre se dio igualdad de derechos a todos los pueblos oprimidos por el imperio ruso, incluyendo la separación (como lo hizo Finlandia, que optó por la independencia). Se abolieron los privilegios religiosos y se dio libertad a todas las minorías nacionales o étnicas. Se estableció el control obrero sobre las empresas. Se fijó el salario de los ministros igual al del obrero industrial promedio. Se tomaron las imprentas y el papel, para garantizar las publicaciones de los soviets, y comenzó la organización de milicias.

En diciembre se formó un Consejo Superior de Economía Nacional para coordinar las gestiones de las empresas que pasaban a manos de los obreros, cuando eran abandonadas por sus antiguos dueños. Se confiscaron empresas imperialistas (por ejemplo las de electricidad, establecimientos industriales metalúrgicos y textiles).

Se estableció la educación pública (estaba en manos de la Iglesia hasta entonces), el matrimonio civil, el divorcio y medidas de protección a la maternidad y la infancia, también el derecho dela mujer a interrumpir el embarazo en hospitales públicos. Se estatizó el sistema bancario y se abolieron los títulos de nobleza.

El 3 de enero de 1918 se anuló toda la deuda externa. Se aprobó la formación del Ejército Rojo, y los primeros regimientos comenzaron a marchar contra los "blancos" en febrero.

Se proponían la revolución mundial

“Esta unión fraternal de todos los trabajadores explotados, después de consolidar el poder estatal conquistado, adoptará por parte todas las medidas revolucionarias para acelerar el paso del poder a manos de las masas trabajadoras de otros países más avanzados y asegurará de esta manara la firme victoria de la causa de una paz justa y de la causa del socialismo” (Resolución del Congreso de los Soviets campesinos de noviembre de 1917). Este tipo de resoluciones, que mostraban a la revolución rusa, como el primer paso de la revolución socialista internacional eran adoptadas por casi todos los organismos de masas.

En noviembre de 1919, en medio de los combates de la guerra civil, se fundó en Moscú la III° Internacional.

Guerra civil

guerracivilrusiaEjércitos de 14 países, invadieron Rusia y se unieron al ejército Blanco (contrarevolucionarios de distintas partes del antiguo imperio), tropas invasores, de Francia, Gran Bretaña, Estados Unidos, Checoslovaquia, Grecia, Italia, Japón, Polonia… provocando una sangrienta guerra civil, con el objetivo de destruir la revolución rusa. En medio de enormes sacrificios y penurias,, el gobierno y el pueblo revolucionarios de la joven república soviética habían comenzado a dar los pasos iniciales hacia el socialismo. En 1921 había sido aplastada la contrarevolución interna, pero a un costo terrible.

Pero la guerra terminó de devastar el país. Murieron más de 10 millones de rusos (7% de la población) y hubo tremendas hambrunas. La producción industrial había caído a una quinta parte de lo que era en 1913, y casi no se fabricaba hierro y acero. Más de la mitad de las locomotoras y vías férreas estaba inutilizadas y se redujo la tierra cultivada. Petrogrado había perdido más de la mitad de su población. En 1919 había 3 millones de obreros industriales y en 1921 quedaban menos de la mitad, un millón 250 mil.

La Contrarevolución stalinista

El fenómeno más ocultado, falsificado y, por eso, relativamente poco conocido, fue el proceso contrarevolucionario que se dio en Rusia y la Unión Soviética en los años 20. 

En 1918, recién triunfada la revolución rusa, Lenin, Trosky y la dirección del Partido Comunista (el nuevo nombre del Partido Bolchevique), estaban convencidos de que el triunfo ruso era el primer paso de una revolución obrera y socialista internacional. Y que si esa revolución no triunfaba en Alemania y otros países avanzados, la revolución rusa sería aplastada. Se produjeron procesos revolucionarios en Alemania, Hungria, Italia, Bulgaria y otros países. Pero fueron derrotados. El orden burgués se fue restableciendo en Europa después de la terrible masacre de la primera guerra mundial.

Rusia quedó sola. Venció a la contrarevolución interna y a los invasores. Pero a un costo tan alto, en miseria, mortandad y sacrificios, que la revolución tuvo un quiebre político y moral. La muerte de Lenin, por grave enfermedad, en enero de 1924, aceleró enormemente este proceso. Los soviets se vaciaron del contenido democrático. El ala del partido encabezada por José Stalin se adueñó de todo el poder y fue estableciendo una dictadura, apoyado en sectores burocratizados que apoyados en métodos dictatoriales acumularon privilegios materiales, aunque mantuvieron la economía estatizada. El objetivo de la revolución mundial fue abandonado y reemplazado con la ideología del “socialismo en un solo país”.
Los que se oponían a este curso dictatorial, en primer lugar la mayoría de los viejos dirigentes revolucionarios encabezados por León Trosky, fueron aplastados. El propio Trosky, el gran jefe del ejército rojo, fue calumniado, expulsado del partido y del país en 1927. En 1936 y 1937, los llamados juicios de Moscú, varias decenas de los máximos dirigentes bolcheviques de la revolución fueron juzgados, acusados de delitos absurdos que debían “confesar” bajo tortura, y fusilados.

Pese a este fenómeno de contrarevolución política, la URSS logró extraordinarios avances económicos, industriales y científicos, gracias a la planificación estatal de la economía. Esos avances se repitieron después en China y Cuba que adoptaron medidas similares. Hoy esos estados, de la mano de los burócratas privilegiados que los gobiernan, volvieron al capitalismo y enfrentan duros problemas sociales, en particular la Rusia de Putin.

Hoy el sistema capitalista domina mundialmente y está hundiendo al mundo en una grave crisis, económica, social, política y ecológica. Las instituciones políticas naufragan en corrupción desenfrenada, sirviendo al que pague más. Ya no hay guerra mundial como en 1914 o 1939, pero sobran invasiones y guerras locales y se acumuló armamentos nucleares como para destruir varias veces al mundo. Por otra parte la depredación de los recursos naturales amenaza la propia vida en la tierra. En ese marco, aunque haya sido derrotada, hay que revalorizar la extraordinaria experiencia de hace un siglo, tanto política, de la democracia asamblearia de los soviets, como económica: la planificación democrática socialista de la economía.

Datos históricos basados en la Historia de la Revolución Rusa, escrita por León Trotsky en 1930, ya exiliado en Turquía y Jhon Reed, periodista socialista norteamericano, en “Diez días que conmovieron al mundo” un extraordinario reportaje a la gran revolución.

La revolución rusa y Bolivia

Bolivia tiene la particularidad de que sus sindicatos y la Central Obrera Boliviana siguen poniendo junto al Che, los retratos de Lenin y Trosky.
Pero en 1917 los ecos de la revolución rusa fueron lejanos en Bolivia, aunque se organizaban los primeros sindicatos mineros.

Sera en la década del 30, después de la guerra del Chaco, cuando las ideas de izquierda socialista revolucionaria comienzan a entrar en Bolivia y se funda el Partido Obrero Revolucionario inspirado en el sector revolucionario encabezado por el exiliado León Trosky que en 1938 va a fundar la Cuarta Internacional que se reivindica como continuadora de la III Internacional de Lenin. En 1946 los mineros sometidos a un rígido sistema laboral y trabajo altamente insalubre, adoptan las Tesis de Pulacayo, adonde se plantea que para sacar a Bolivia del atraso tenían que gobernar los obreros y campesinos.

En la insurrección de abril de 1952 este gobierno obrero y campesino está a punto de materializarse, con la derrota del ejército por las milicias mineras y la fundación de la Central Obrera Boliviana como un organismo de poder. Pero el mítico dirigente de los mineros, Juan Lechín Oquendo, con el apoyo del POR, y como los mencheviques rusos de 1917 que apoyaron a Kerensky, ingresa al gobierno del MNR de Paz Estenssoro. De esta forma, en vez de luchar por el poder obrero y campesino, como decían las Tesis de Pulacayo, apoyan al gobierno burgués del MNR. La nacionalización de las minas y la reforma agraria en Occidente fue impuesta por la movilización obrera y campesina. Pero la revolución obrera y campesina en Bolivia quedó truncada. El gobierno del MNR pactó con Estados Unidos, rearmó al ejército que, finalmente, sometió al país a la dictadura contrarevolucionaria de Barrientos en 1964.

Bibliografía sugerida: 

- Historia de la Revolución Rusa (León Trotsky)...Descargar AQUÍ

- La Revolución Traicionada (León Trotsky) ...Ver AQUÍ

- La Revolucion Rusa (Rosa Luxemburgo) ...Descargar AQUÍ 

- Revista Correspondencia Internacional: "A 100 años de la Revolucion Rusa"... Descargar AQUÍ

Las mujeres en la revolución rusa de febrero de 1917 (Cintia Frencia y Daniel Gaido)...Ver AQUÍ

- La revolucion rusa en el siglo XXI (Jorge Altamira)...Descargar AQUÍ


Ellos se atrevieron: Documental sobre la Revolución Rusa


Himno de la Internacional Socialista


El nacionalismo “indígena” y la Revolución Rusa (I)

(A propósito de un texto de Alvaro García Linera)

Cristian Rath, Partido Obrero de Argentina

Alvaro García Linera es el actual vicepresidente de Bolivia y protagonista, junto a Evo Morales, de la experiencia del nacionalismo “indígena” que va a cumplir diez años en el poder. García Linera es el autor de un extenso capítulo -Tiempos Salvajes…- de la saga de varios autores que, con el título “1917, La Revolución Rusa cien años después”, acaba de editarse en España. Es el impulsor, además, de una conmemoración en La Paz que tendrá entre sus invitados especiales a Pablo Iglesias, de Podemos.

La democracia, único camino

El autor plantea un dilema irresoluble. Quiere fundar la tesis según la cual “la contraposición entre revolución y democracia es un falso debate”. Para lograrlo está obligado a hablar de la democracia a secas, al margen de su naturaleza de clase. Ignora, de este modo que el régimen soviético fue la evidencia de la transformación de una revolución (democrático burguesa) en otra (proletaria socialista). Representó la máxima democracia para los obreros y los campesinos y, al mismo tiempo, la ruptura con la democracia burguesa -en la que el poder está siempre en manos del capital, ya sea que exista o no el sufragio universal- y la aparición de una nueva, democracia proletaria o dictadura del proletariado. Una de las creaciones que hace de la Revolución Rusa un producto universal.

lineraGarcía Linera fija una conclusión predeterminada y endereza o tergiversa todos los argumentos en función de ese propósito. La revolución (también a secas) es “la realización absoluta de la democracia porque la gente del pueblo, que anteriormente depositaba en 'los especialistas' la gestión de los comunes… ahora asume un involucramiento directo”. Lo que es una lucha aguda y violenta de clases se convierte, en las palabras del autor, en una suerte de kermesse, donde todos se funden en un mundo nuevo “con sus asambleas multiplicadas por todas partes debatiendo los temas de interés público” en las que se abre paso “la democracia deliberativa” en la que incluso la desigualdad “queda neutralizada porque está fusionada a la ejecución conjunta de lo deliberado”. El contenido de la revolución proletaria, que es la expropiación del capital, desaparece. Para pasar a un escenario que “hace de toda revolución -y las revoluciones latinoamericanas de principios de siglo no son una excepción- un hecho democrático por excelencia y pacífico por naturaleza”.

¿Y la toma del poder finalmente violenta, aunque escasamente cruenta, llevada adelante por los bolcheviques? Fue el fruto -dirá García Linera- de circunstancias impuestas por la reacción que obligan a los bolcheviques a desechar la vía pacífica: “las acciones violentas del gobierno conservador que, en julio de 1917, ilegalizan al partido bolchevique, buscan reprimirlo violentamente y luego eliminarlo físicamente mediante un golpe de Estado, lo llevan a Lenin a abandonar la convicción de que ésta iba a triunfar pacíficamente”. En este punto, la tergiversación es total y García Linera presenta a Lenin como un pacifista desengañado. Lo primero que debe puntualizarse es que la Revolución de Febrero destruyó el poder armado de la burguesía y las milicias reemplazaron a los cosacos y a la policía bajo la dirección del Soviet. Es decir mucho antes de las Jornadas de Julio, las masas habían establecido, con el peso de su movilización, un principio de armamento popular que García Linera ignora en función de su “tesis”. En las Jornadas de Julio, mencheviques y social revolucionarios, mayoría en los soviets, cruzaron una frontera política y se convirtieron en cómplices del alto mando militar y del gobierno en la represión contra la clase obrera, lo que llevó a Lenin a plantear que “las esperanzas de un desarrollo pacífico de la revolución rusa se han desvanecido para siempre”. Ambas fuerzas, lejos de romper con la burguesía habían profundizado su rumbo contrarrevolucionario y Lenin planteó dejar de lado la consigna vigente hasta entonces: “Todo el poder a los soviets”. Para García Linera, en el que la lucha por el poder de la clase obrera está ausente, la violencia sólo puede provenir de “un curso revolucionario bloqueado” y su única función es actuar “como un habilitador del despliegue de las capacidades democráticas (una vez más a secas) de la sociedad”.

¿Dónde está la clase obrera?

Las palabras clase obrera, revolución proletaria socialista, proletariado han sido expurgadas casi quirúrgicamente del texto. En su lugar aparece una suerte de regreso a los escritos sociales del siglo XVII y XVIII en los que la palabra pueblo o plebe aludía a las clases bajas o menesterosas que no habían adquirido aún su nueva fisonomía social. Para tomar un solo ejemplo: la Revolución Rusa “no significó -dice García Linera- la creación de un mundo alternativo al capitalista sino el surgimiento, en las expectativas colectivas de los subalternos del mundo, de la creencia movilizadora en que era posible alcanzarlo”. Como suele decirse, más errores que palabras. La Revolución Rusa habría sido una suerte de fracaso histórico que permitiría alimentar una ilusión y no una revolución obrera triunfante que resolvió todos los problemas de la revolución democrática -la tierra, la autonomía de las naciones, el desconocimiento de la deuda, la disolución del ejército, como pieza accesoria de la revolución proletaria y socialista. El socialismo no sería el fruto de esta experiencia viva de características universales, sino el “referente moral de la plebe moderna en acción”. Subalternos del mundo, plebe moderna, los pobres: esta desaparición consciente de la clase obrera en el léxico y la caracterización no es casual: “hablan de la complejidad de la Revolución de Octubre y de todas las revoluciones que, en realidad, son relaciones sociales en estado ígneo y fluido, por lo que es imposible establecer el momento en que un contenido de clase se consolida de manera sólida”. La revolución proletaria, para García Linera, ha dejado de existir. No es casual que no hable de Bolivia, el país de la revolución obrera más importante del continente -más allá de las limitaciones de su dirección-, protagonizada por un proletariado concentrado en un mar de campesinos y trabajadores rurales sin tierra. ¿Hablamos de Rusia o de Bolivia?

Las omisiones, una clave

En casi 240.000 espacios, Linera menciona una sola vez, y de modo incidental a León Trotsky, algo que puede parecer particularmente extraño en un país en que el trotskismo forma parte de la tradición histórica, pero que quizá lo explique.

La omisión de Trotsky va paralela a la de Stalin y tiene una función precisa: ocultar el papel de la burocracia contrarrevolucionaria en la degeneración de la Revolución Rusa. Es cierto que el conjunto de las fuerzas que provienen o reivindican el estalinismo se han disuelto o apoyan el gobierno de Evo Morales (PCB y PCB maoísta), pero García Linera pretende plantar una “tesis” que va más allá de sus circunstanciales aliados. ¿Podría mentar García Linera el papel del Kremlin en las infinitas derrotas de la revolución mundial siendo que el gobierno de Bolivia organiza el encuentro internacional de Países Exportadores de Gas con Putin, un heredero de aquella burocracia, como protagonista estrella? Para el autor, el fracaso “estrepitoso” de la Revolución de Octubre se puede explicar en cinco líneas, por la “concentración del poder de Estado en manos del partido y la expropiación gradual del poder de manos de las organizaciones sociales” y porque “toda revolución social que no ensambla con otras revoluciones sociales a escala mundial, tarde o temprano, fracasa”.

evofalsorevolucionarioDe este modo, la burocratización de la URSS sería un fenómeno natural y no el producto de luchas políticas en las cuales, después de la revolución y del cuasi exterminio de la vanguardia obrera en la guerra civil, tuvo origen una nueva capa social que se volvería dominante y constituiría “una sociedad intermediaria entre el capitalismo y el socialismo”-definición de Trotsky en La Revolución Traicionada. García Linera no establece diferencia alguna entre el bolchevismo y la burocracia estalinista, siendo que esta última es su negación, al punto de exterminar físicamente al 90% de la dirección que ejecutó la primera revolución obrera victoriosa en el mundo. Para el vicepresidente “obligada a defenderse a toda costa… la Revolución lo hace pagando el precio de centralizar cada vez más las decisiones y sacrificando el libre flujo de la creatividad revolucionaria del pueblo” e invoca en su apoyo a Rosa Luxemburgo, limitándose a repetir la utilización amañada de Rosa como argumento a favor de que el estalinismo ya estaba contenido en la propia revolución. García Linera convierte a Rosa en una defensora de la democracia “en general” siendo que Rosa criticó la disolución de la Constituyente como expresión de la falta de confianza de los bolcheviques en las masas que, en su opinión, podían torcer el rumbo y el contenido de esa Asamblea.

El autor no dice una palabra sobre el “socialismo en un solo país”, la concepción de la burocracia estalinista que significó el abandono del internacionalismo proletario, que era, para el bolchevismo, la precondición de la perspectiva socialista para Rusia. La afirmación del vicepresidente de que toda revolución que no ensambla con otras “habrá de fracasar de manera inevitable” deposita ese “ensamble” en el azar y elimina de un plumazo el papel del actor histórico que, invocándose como continuador de la Revolución de Octubre, fue responsable de miles de derrotas del proletariado mundial -el terrible aplastamiento de la Revolución China (1927) y de las que le siguieron- incluyendo la política de negación del frente único que allanó el camino para la victoria de Hitler (1928/33) o el sacrificio de la revolución europea luego de la Segunda Guerra en función de la “coexistencia pacífica” con el imperialismo “democrático”.

Fuentes
Juan Andrade, Fernando Hernández Sánchez (editores): 1917, La Revolución Rusa cien años después, Ediciones Akal, Madrid, España, 2017.
V.I. Lenin: Obras Completas, Tomos XXV y XXXIII, Editorial Cartago, Buenos Aires, 1960.